La anorgasmia es una condición médica que inhibe el clímax. Enterate de cuáles pueden ser sus causas y cómo se las trata.

A muchas mujeres no les resulta fácil alcanzar el orgasmo a través de la penetración; pero para algunas esta es, directamente, una tarea imposible: ellas padecen una condición llamada anorgasmia, que inhibe el clímax. Hay tres tipos: la primaria (quienes la padecen jamás pudieron alcanzar un Gran O), la secundaria (lo tuvieron en un período anterior, pero después no pudieron repetir la experiencia) y la situacional (no se logra el clímax en ciertas circunstancias o con determinados compañeros). Esta última forma es la más frecuente: según un estudio de la Clínica Mayo de los Estados Unidos, casi un 70% de las mujeres la atraviesa en algún momento de su vida.

¿Qué la provoca?

La anorgasmia tiene varias causas posibles, y algunas físicas y otras psicológicas. Según la sexóloga Elna McIntosh, “es importante que las mujeres se den cuenta de que la incapacidad de tener un orgasmo no es algo que solo existe en sus cabezas. Como cualquier otra condición médica, tiene motivos y síntomas, y precisa un tratamiento”. Las causas fisiológicas pueden ser, por ejemplo, las cicatrices o los daños en los nervios debidos a cirugías ginecológicas. Algunos medicamentos (como los reguladores de la presión, los antihistamínicos y los antidepresivos) pueden llegar a ser responsables directos de la ausencia del clímax. Los especialistas señalan que las drogas y el alcohol también afectan la posibilidad de un Gran O.

“La anorgasmia puede producirse por falta de conocimiento del funcionamiento de los propios genitales (suele ocurrir en aquellas mujeres que nunca se permitieron masturbarse o experimentar con su cuerpo), un pobre juego sexual previo o una estimulación insuficiente en cuanto a la duración, el ritmo o el tipo de caricia”, explica la psicóloga y sexóloga Virginia Martínez Verdier, autora de Perturbaciones del orgasmo femenino.

Los factores psicológicos son tan reales como los físicos, y entre ellos los más comunes son la ansiedad y la depresión. La culpa, las creencias culturales o religiosas y el miedo (de embarazarse o de contagiarse una enfermedad de transmisión sexual, por ejemplo) contribuyen a esta condición. “La mayoría de las causas que inhiben el orgasmo femenino son de índole psicológica, ya sea leve o profunda. Quizá la mujer tenga dificultades para entregarse libremente a la relación sexual, para dejarse ir o para descontrolarse, ya que durante el clímax se producen segundos de desconexión”, afirma Martínez Verdier. Ninguna anorgasmia es fácil de tratar, aunque se pueden lograr buenos resultados.

Recursos lúdicos

Carolina*, una abogada de 31 años, descubrió la anorgasmia cuando fue medicada. “Estaba en un momento de mi vida bastante complicado. Dejé de dormir y me angustié mucho, así que el médico me recetó antidepresivos y ansiolíticos. Las pastillas funcionaron, pero tuvieron efectos colaterales: desapareció mi habilidad para lograr el clímax. Mi novio me propuso ir a un sex shop, donde compramos un montón de juguetes y libros. Con el estímulo extra me fue más fácil excitarme, aunque todavía me lleva más tiempo que antes”, explica ella.

El sexólogo Andrés Flichman, de Hémera, asegura que los vibradores (en especial los que se apoyan directamente sobre el clítoris) pueden ser una alternativa clave en los casos de anorgasmia secundaria. “Son herramientas útiles cuando no hay antecedentes de trauma ni problemas hormonales: aseguran un estímulo de una intensidad y continuidad difíciles de igualar”, explica Flichman.

Hablalo

Si estás teniendo problemas, antes que nada consultá a tu ginecólogo para descartar factores físicos o medicamentosos. Si no es así, pedile que te derive con un profesional específico (una sexóloga o una psicóloga). McIntosh explica que el tratamiento varía según el tipo de anorgasmia. “Con una mujer que nunca experimentó el clímax, se pone el foco en aumentar su capacidad de disfrutar la estimulación. Si está ansiosa por la idea de acabar, preocupada por perder el control o simplemente no le gusta la forma en que se siente cuando se acerca al orgasmo, entonces la terapia va a trabajar estos puntos de una forma sistemática”, dice McIntosh. “Las mujeres con anorgasmia secundaria deberían considerarse afortunadas, porque ya saben cómo se siente el clímax, y también que son físicamente aptas para obtenerlo. Para ellas, gran parte de la terapia se basa en aumentar su repertorio de habilidades”, agrega la especialista.

Las que sufren anorgasmia situacional en general necesitan ayuda para identificar cuáles son las circunstancias que les facilitan alcanzar el Gran O. Daniela, una diseñadora de 26 años, tenía 17 la primera vez que intentó tener sexo con el novio. “Cuando llegó el momento, me aterroricé. Los músculos de mi vagina se pusieron muy tensos, y todo fue sumamente doloroso. Pasó el tiempo y la escena se repitió con otros hombres: me ponía totalmente rígida (lo que hacía imposible la relación) o lograba relajarme lo suficiente para que me penetraran, pero igual sentía un montón de dolor. Nunca tuve un orgasmo, hasta que mi actual novio me sugirió empezar una terapia”, confiesa. Después de algunos meses de tratamiento, que incluyó ejercicios de autoexploración, por fin pudo tener sexo satisfactorio.